Temas educativos

9. julio.2015

Los nuevos retos de la educación. César Bona

9. marzo. 2015 elmundo.es

Grupos de padres en WhatsApp, nuevo conflicto con los profesores

  • Las campañas de desprestigio contra docentes pueden acabar atentando contra su honor

  • ‘Hay padres que intentan solucionar sus diferencias con el tutor en el grupo’, dice un experto

Si no hace mucho las conversaciones entre los padres y las madres con hijos compartiendo clase se circunscribían a las puertas del colegio, hoy se han trasladado a los grupos de WhatsApp. Y de qué manera, porque hasta un sindicato como ANPE ha constatado a través de su servicio del Defensor del Profesor un aumento de las quejas de docentes sobre la rápida difusión de falsas acusacionescontra ellos a través de esta red social.

¿Se ha convertido esta popular aplicación en un nuevo motivo de conflicto entre familias y profesores? Hay quien alerta y opina que sí, como la experta y social media en la Asociación Espiral, Educación y Tecnología, Toñi Quiñones: «Hay padres que intentan resolver sus diferencias personales con el tutor iniciando una conversación en el grupo de WhatsApp, para buscar un consenso con el resto de padres sobre cómo el docente realiza su actividad profesional».

Son los grupos de padres reconvertidos en «patios de vecinos», donde no sólo uno puede informarse sobre los deberes del hijo o pedir ayuda para alguna cuestión, sino que «en ocasiones este tipo de información spam relega a un segundo plano la información escolar, principal objetivo por el cual se ha creado el grupo de padres».

Y es aquí cuando llegan los problemas que motivan las denuncias de los profesores, cansados de que un falso rumor se propague en cuestión de minutos y llegue a toda la comunidad educativa… y más allá.

Según Quiñones, «existen casos donde la intención de estos padres es manipular al resto y desprestigiar la labor docente del tutor», cuando por ejemplo no están satisfechos con la forma en que este último ha resuelto un conflicto con su hijo. Conversaciones que «se van de las manos» por buscar el apoyo de las otras familias «pueden acabar en enfrentamientos en el despacho del director y con la inspección correspondiente al docente y, en el peor de los casos, en una denuncia ante las autoridades».

Para Albert Gimeno, director y cofundador de la ONG Padres 2.0, dedicada a la protección de la infancia en internet, antes de «esconderse tras un grupo de WhatsApp, hay que saber que cualquier comentario que atente contra el honor de un profesor podría ser capturado por cualquiera y llegar al conocimiento de la Policía». «Piensa antes de compartir» es su lema.

En todo caso, Gimeno trata de minimizar tal conflicto al subrayar que«cuando no había WhatsApp, las críticas se hacían de igual manera por otros medios». En esto coincide Quiñones, quien recuerda que «no es la herramienta la que puede producir situaciones desagradables, sino el uso que se haga de ella».

La cuestión es si tienen las familias derecho a someter a escrutinio público la labor del profesor. «Tienen derecho a conocer el comportamiento, logros académicos y demás temas concernientes a sus hijos, y a que exista una transparencia sobre cómo el docente trabaja con sus alumnos en el aula, pero no a promover campañas de acoso y ajusticiar a un profesional a través de un grupo de WhatsApp», según Quiñones.

Al igual que Gimeno, es partidaria de resolver un conflicto cara a cara. E insiste: «Los niños pueden imitar el comportamiento de sus padres, produciendo conflictos en el aula tanto con el tutor como con los compañeros».

CONSEJOS PARA CONVERSAR

Los grupos de padres de WhatsApp tienen sus ventajas. «Pueden ser útiles para debatir temas de preocupación común y pueden servir, por ejemplo, para ponerse de acuerdo en la hora que nuestros hijos deben apagar el móvil por la noche», explica Albert Gimeno, de Padres 2.0. En su opinión, «todos somos responsables de nuestros actos, en la red o fuera de ella», por lo que apela a la «corresponsabilidad de padres y profesores» en el buen uso de las TIC. «Los padres hemos de ser los primeros en dar ejemplo y los profesores, los segundos», subraya. En este sentido, para Gimeno es importante que si un padre tiene alguna diferencia de criterio con el profesor, se reúna con él. Por su parte, la experta en educación y tecnologías Toñi Quiñones señala que «es importante tener en cuenta que, sea un padre o el tutor de clase el administrador del grupo de WhatsApp, se deben establecer unas normas de uso, donde la educación y el respeto deben ser la estrella, y se debe eliminar a quienes no cumplan dichas normas».

16.marzo.2014

Richard Gerver, educador y conferenciante, habla en eldiario.es sobre la escuela del mañana mientras recela de los políticos como líderes educativos:

Tenemos que dejar de pensar en cómo puede ser el siglo XXI. La realidad es que no lo sabemos. La vida se mueve tan rápido… ¿quién habría sabido hace 20 años cómo íbamos a vivir ahora? Tenemos que preparar a nuestros niños para lidiar con cambios, un futuro incierto, en vez de en certezas. Mi generación fue educada para creer en certezas. Tenemos que preparar a los niños para el cambio. No somos buenos lidiando con el cambio. No nos gustan las incertidumbres, no tener el control. Y eso es por la forma en que fuimos adecuados.

Entrevista completa

27.enero. 2014

Se escribe y se opina mucho sobre educación, en los medios escritos y hablados, en Las Cortes, en los bares, en las reuniones de amigos … todo el mundo opina pero es raro encontrar referencias lúcidas a la importancia del maestro de enseñanza primaria, del valor de su impronta, de la huella que puede llegar a dejar en sus pequeños pupilos …y, especialmente, de la función clave de la escuela, la socialización. Por eso sorprende y emociona encontrar en el  Huffington Post de hoy este artículo de  Francisco Mora,  Catedrático de Fisiología Humana de la Universidad Complutense de Madrid y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica, Universidad de Iowa:

“Acabo de regresar de lugares en donde he respirado otras culturas. Y vuelto con la mente lavada, fresca, como la de un niño recién peinado que lo llevan al colegio. Y precisamente, tras lo vivido, he pensado mucho, una vez más, en la cultura que tenemos y la educación que recibimos. Y en el colegio y los maestros y su significado en la educación, la cultura, la ciencia en esta España tan vieja, pícara, engañosa y deshonesta. Y la gran labor que hay por hacer en valores verdaderamente humanos, lejos del pensamiento pobre, egoísta, oscuro, que respiramos todos, todos los días. La educación en este país no se arreglará nunca desde arriba, a golpe de leyes. Solo se arreglará seleccionando, formando buenos maestros. A alguien, ahí arriba, algún día, se le ocurrirá transformar los estudios de magisterio y crear un proceso serio de selección de los candidatos a maestros. Y lo hará, tal vez, de pronto, tras darse cuenta que el maestro es el gran hacedor, el hacedor de futuros, el responsable máximo de quien depende, en gran medida, los que van a ser los ciudadanos que va a tener un país. Reconocerá el enorme poder que el maestro tiene en su mano, poder real, del que posiblemente el propio maestro no es consciente. Y ese poder reside en que el maestro, haga bien o mal su trabajo, va a cambiar el cerebro de los niños a los que enseña. Y debo insistir, ese cerebro, de forma lenta y con los largos tiempos de colegio, no cambiará de una forma sutil, sino que lo hará en sus raíces, en su química y en su física, en sus conexiones anatómicas, en el funcionamiento de los circuitos neuronales y en sus engramas emocionales profundos. Y en ellos anclará de forma definitiva los valores y aprenderá las normas que instrumentan esos valores para vivir en sociedad. Eso es lo que enseña la Neurociencia hoy. Es claro que la familia es ese primer modulador del cerebro del niño. Pero es el maestro, insisto, en orquestación de la relación con los otros niños el que entroniza en su cerebro los valores que deben regir su vida en una sociedad. Eso es educación que, como acabo de señalar, no se arreglará nunca solo
con leyes sino, fundamentalmente formando buenos maestros, reconociendo que hay que seleccionar y formar muy bien quien va a ser maestro, creando en él la responsabilidad personal y social que implica su trabajo. Y solo así podemos tener la esperanza de que las cosas cambien de raíz. Y es así también que sembrando bien podemos esperar recoger una cosecha que fructifique en posteriores periodos de la enseñanza o en la misma conducta personal y social de ese niño. Y pasar así, con valores, de esa tan enraizada y centenaria conducta aireada y aplaudida del listo, pícaro y engañoso, zorruno y corto con los demás, a la conducta que expresa nobleza, mirada larga, honradez consigo mismo y bien hacer con los demás. Cierto que ser maestro no es una tarea para la que sirve todo el mundo. Profesión dura que hay que amar pues requiere una buena dosis de entrega de tiempo y talento emocional. Y eso no es fácil y menos en ese día a día que es la briega del aula, de la lucha, tantas veces, con la incomprensión y la desesperanza. Por eso hay que formar al maestro haciéndole consciente del valor de su trabajo. Haciéndole saber emocionalmente que es él quien alimenta el fuego que hace cocer lento los talentos ejecutivos, la inhibición y el control de la conducta, el entrenamiento de la memoria de trabajo, la emoción, la atención, el aprendizaje y la repetición del aprendizaje y el respeto y la comprensión empática del otro. Proceso que acumulado será la guía del futuro personal del niño. Y eso son valores en donde, más allá de la enseñanza misma y el ejemplo cotidiano del maestro, sean en esos primeros años como era la luz de los faros para los barcos. La madera de maestro no crece en todos los bosques. Es una madera especial que hay que escoger y seleccionar muy cuidadosamente. Y después embellecerla. Magisterio debiera de ser una de las profesiones más cuidadas, no a nivel de conocimientos en materias, que también, sino en sensibilidad social, en fibra emocional, en aristas de ética, en capacidad docente, en corazón de valores y en sentimiento profundo de responsabilidad social. Un niño en manos del maestro es como un bloque de mármol en el que clase a clase, día a día, hay que modelar a pequeño golpe de palabra y emoción y sacar una figura que sea la base de un ser humano sólido y honesto. Un maestro es un hacedor de futuros. Un mago capaz de transformar el cerebro en desarrollo de los niños para que puedan convertirse en dirigentes honrados o simplemente ciudadanos capaces de sentirse orgullosos de un buen hacer con lo que hace. Y también ser capaces de volver algún día al Colegio, dar un abrazo a su maestro y derramar sobre su mesa luces de agradecimiento. De lo que el maestro haga, con su palabra y con su ejemplo, saldrán niños con amor por la verdadera cultura, las humanidades y la ciencia. Saldrán niños con valores capaces de ennoblecer la verdadera dignidad personal y el bien hacer, escuchar y respetar al otro. De hacer reconocer emocionalmente que los demás no solo son los que están delante de ti, cercanos y hablando contigo, sino aquellos otros que no ves. Y que el daño y desdoro hacia los demás puede ser simplemente echar una colilla o un pañuelo sucio desde tu coche cuando conduces por la carretera. Entronizar valores humanos significa luchar por ser el mejor bibliotecario, el mejor ingeniero o el mejor fontanero o carpintero sintiéndote orgulloso de un trabajo bien hecho. Y todo eso, en gran medida, depende de los maestros. El maestro debiera ser la joya de una sociedad” 

Maestra de la Escuela Nueva, 1934 Foto: Agustí Centelles, exposición reciente en el Paraninfo de la Univ. de Zaragoza

 

 

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