Lo esencial

Lo esencial


 A los mayores les encantan las cifras. Si les habláis de un nuevo amigo, nunca os preguntarán por lo esencial. Nunca os dirán: “¿Cuál es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que más le gustan? ¿Hace colección de mariposas? Os preguntarán : ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Sólo entonces creerán conocerlo…

 

Si Antoine de  Saint-Exupéry, autor de este hermoso párrafo y de todos los que componen su más célebre obra, El Principito, habitara estos tiempos también se asombraría de las inquietudes de los mayores de hoy en día, de los políticos,  de los medios de comunicación, … Cuando muchos de ellos se acercan a nuestras aulas tampoco se interesan por las cosas esenciales. Nunca preguntan: “¿Son aquí felices los niños? ¿A qué les gusta jugar? ¿Hay algo que les inquieta? ¿Tienen bastantes flores en su jardín? ¿Saben hacer buenos amigos?…”  Más bien les preocupa una foto, aquella en la que se reflejen las bondades y maravillas del sistema u otra que haga sangre de los problemas y dificultades de la vida del colegio. Depende de la tendencia del “mayor” que nos visita.

 

Pero si hay algo que nos disgusta a los maestros y maestras que  amamos este oficio es que pongan etiquetas a los pequeños. En una publicación del barrio alguien me atribuía unas declaraciones en las que se decía algo sobre alumnos autóctonos y foráneos. Quiero aclarar que la frase en cuestión no fue dicha por mí, que no son ciertos los datos a los que se hacía referencia y que nunca podría saberlo porque, como diría Saint-Exupéry, eso no es lo esencial. Cuando miramos al niño o a la niña que tenemos delante no nos preguntamos dónde ha nacido o dónde lo hicieron sus padres o sus abuelos… Ningún buen maestro me lo preguntó a mí. Son otras cosas las que queremos conocer: ¿Qué necesita? ¿Qué caminos podemos abrirle? ¿Qué factores perturban y cuáles potencian su crecimiento?… Las  cosas esenciales.

 

P.C.

 


 

 

 

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